Entrevista a Sergio Fernández-Artamendi: «La adicción al juego es un problema de salud pública, como lo puede ser el mal uso y abuso de las redes sociales o internet”

Entrevista a Sergio Fernández-Artamendi: «La adicción al juego es un problema de salud pública, como lo puede ser el mal uso y abuso de las redes sociales o internet”

Sergio Fernández-Artamendi es miembro de la junta directiva de Socidrogalcohol, doctor en psicología, profesor del Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico de la Universidad de Sevilla y ha participado en el desarrollo de la Guía de Adicciones Comportamentales recién publicada por la sociedad científica.

Pregunta. Los medios de comunicación hablan de adicción al juego, sexo, comida, trabajo, TICS, ¿están estas adicciones reconocidas como tal?

Respuesta. El problema que hay hoy día es que parece que todo es adictivo. Hay que ir con cuidado porque si todo es una adicción, nada es una ‘adicción’. En segundo lugar, lo importante también es pensar que los conceptos van a depender del ‘¿para qué?’, ya que las etiquetas tienen una utilidad concreta. En el lenguaje informal, uno puede ser adicto a cualquier cosa: al chocolate o a una serie de televisión; pero en la psicología científica la adicción depende normalmente no tanto de la apariencia de adicción sino de que los aspectos clínicos y los mecanismos subyacentes sean compartidos con la adicción; entendiendo que el concepto deriva de las características de las adicciones a sustancias.

Habitualmente, hablamos de adicción cuando cumple una serie de características concretas muy similares a las adicciones a sustancias y en otros casos hablamos de abuso o de conductas excesivas, y esto incluye redes sociales, móvil, el ejercicio, las compras, etc. Hoy día, a nivel científico estas conductas no son equiparables a las adicciones con sustancias, ni por sus características centrales ni por sus mecanismos causales.

De hecho, a nivel de reconocimiento en manuales diagnósticos, solo encontramos como adicciones sin sustancia actualmente el juego de apuestas y los videojuegos, que están como a medio camino del reconocimiento, aún pendientes de estudio. El resto no están reconocidos aún como diagnósticos de adicción. También hay que tener claro aquí que estos manuales no son necesariamente verdades científicas. Como decía, cuando hablamos de tecnologías, se habla más de conductas abusivas o excesivas. Lo importante es que luego, en la práctica clínica, esta distinción conceptual no va a ser tan relevante. Hay distintos niveles de discusión conceptual. En la calle todo puede valer, en los diagnósticos hay unos consensos y luego a nivel clínico-práctico igual es más correcto hablar de abuso que de adicción, pero lo importante serán las necesidades clínicas de los usuarios y usuarias.

P. ¿Esto que es tan mediático es realmente un problema de salud pública o el foco debería dirigirse a otros lugares?

R. Las adicciones son un problema de salud pública, está claro. Y las adicciones sin sustancia como el juego, también son un problema de salud pública. De ahí nace la necesidad de esta guía. Luego tenemos las redes sociales o el uso de teléfono móvil, que evidentemente pueden generar problemas en algunos casos, pero que no deben ser tampoco demonizados, ya que no son un problema de salud pública per se. No podemos vincular todos los problemas de salud mental infanto-juvenil a las redes sociales y a internet porque no tenemos evidencia de que sean los responsables. El foco como sociedad debería estar dirigido a promocionar y educar en el buen uso y a la prevención y al manejo adecuado de estas tecnologías; algo que no estamos haciendo lo suficiente. Por ejemplo, en el caso del juego de apuestas, parte del problema viene por una cuestión política, cuando se decide liberalizar el juego y se deja completamente desprotegidos a los menores.

P. Si Socidrogalcohol ha lanzado esta guía, es porque a nivel profesional también existe una necesidad de definición de términos, ¿desde la evidencia científica, lo tenemos claro?

R. Como comentaba, en la propia investigación tenemos amplios debates a veces sobre lo que debe ser una adicción, pero lo importante es el ‘para qué queremos esa definición’. Aparecen tecnologías nuevas constantemente y se investiga para intentar llegar a un consenso científico sobre lo que es o no una adicción. Tenemos claros ciertos elementos centrales de la adicción, pero hay debate sobre otros componentes y su centralidad. No obstante, y la guía creo que va en esta dirección, a nivel clínico no debemos perdernos mucho en estas cuestiones, sino ir a dónde va centrada la guía. Aquí la definición de adicción en sí es menos importante y en cambio es más importante los tratamientos eficaces que se desarrollan, los programas y estrategias de prevención basada en la evidencia, la importancia de individualizar la intervención, de desarrollar estrategias comunitarias, etc. Así vamos generando consenso a nivel clínico, que creo que es más útil para los profesionales.

P. ¿Qué es una adicción sin sustancia? ¿Qué implica para la persona a nivel psicológico? ¿Lo mismo o diferente a cuando hay una sustancia de por medio?

R. El concepto de adicción sin sustancia surge porque hay determinados conductas no relacionadas con el consumo de drogas que presentan características muy similares al consumo de sustancias psicoactivas, de donde proviene la definición de adicción principalmente. Antiguamente el concepto de adicción podía ser más amplio, pero el consenso general es en torno a la adicción a sustancias. Y lo que es evidente es que hay conductas que se asemejan muchísimo a lo que sucede en la adicción a sustancias. Aquí aparece la complejidad a la hora de definir. Podemos decir que particularmente el juego de azar es la conducta activa sin sustancias más paradigmática por los reiterados intentos de búsqueda de un reforzador, producto de los procesos de aprendizaje y que además se caracterizan por los elementos típicos que derivan de la adicción a sustancia: Es una conducta aprendida de búsqueda de reforzadores, que cumple con las características centrales que definen modelos clásicos, con síntomas de abstinencia, tolerancia, elevada saliencia, conflicto e incluso compulsividad.

A nivel psicológico, la adicción al juego puede implicar la aparición de problemas de salud mental, académicos, familiares, sociales, etc. asociados a esta conducta activa y a la sensación subjetiva de pérdida de control. Lo que ocurre en las conductas adictivas sin sustancia es que no van a tener efectos tan significativos a nivel orgánico, porque no hay una toxicidad ni un efecto de intoxicación. Esto tiene una consecuencia perversa, porque las consecuencias económicas, por ejemplo, pueden ocultarse mucho más fácilmente al entorno. Esto hace que los problemas se prolonguen muchos años hasta que se pide ayuda, porque no se observan desde fuera, desde el contexto familiar, con tanta facilidad, y esto incrementa el riesgo de que se cronifique. A la vez, afecta mucho a la autoestima de los usuarios y aparecen otros problemas como la vergüenza, que junto al endeudamiento, hacen que se incremente el riesgo de suicidio.

P. ¿Sufren el mismo estigma que las personas consumidoras de sustancias?

R. Sí. Las personas con adicción al juego tienen estigma, igual que las personas con adicción a sustancias, pero con algunos matices diferentes relacionados con la ocultación del problema, el daño económico, la vergüenza, la “incapacidad para haber resuelto los problemas creados, etc. Y es que , entender toda la dinámica que hay detrás de la trampa del juego es difícil para el entorno.

P. Cuando hablamos de TICS o pantallas, ¿se puede tratar un uso problemático cuando están tan integradas para todo, incluso en el trabajo o la escuela?

R. Como hablábamos antes, las TICs son algo muy prevalente en nuestra vida actual y lo seguirán siendo seguramente. Y no pueden ser demonizadas, porque no son un problema per se. El problema es el mal uso, y ahí lo que sucede es que la evidencia no nos dice que hay un gran efecto negativo de la utilización de los jóvenes de las redes sociales o de las TICS. Lo que sí puede haber es un uso abusivo que genera una interferencia psicosocial y académica, que puede derivar en diversos problemas. La cuestión aquí es que hay que aprender a usarlas y el problema es que no estamos enseñando a los jóvenes a hacerlo. Esto es como andar en bici; requiere un proceso de aprendizaje y supervisión. Con las TICs, se asume que aparecen y se utilizan y años después descubrimos que no saben usarlas realmente, exponiéndose al abuso y a otros graves riesgos. No se les tutoriza, no se les enseña ni modela.

P. ¿Cómo se hace prevención en este campo? ¿Hay evidencia de qué funciona y que no?

R. Aún hay poca investigación, pero en la guía se recogen programas importantes que se han ido implementado, con algunos resultados positivos. La clave es que la prevención debe estar basada en la evidencia. Hay que utilizar programas estructurados, validados, evaluados y siempre con una perspectiva transversal y que sea comunitaria, implicando a las familias. Y sino, caeremos en la “pseudoprevención”, y los resultados van a ser muy limitados o incluso negativos. En la guía también se repasan diversas estrategias de prevención que funcionan: regulación de la publicidad, reducción de la oferta, control del acceso a las salas de juego, estrategias de autolimitación, mensajes de aviso en el juego, etc.

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